¿Que negocio debo poner?

¿Que negocio debo poner? Es probablemente la pregunta que más veces me hacen, tanto en mi correo (caliaga@endira.com.mx), como en mis redes sociales, incluso en reuniones uno a uno, cuando termino de dar una conferencia, por ejemplo.

Tengo en mente abrir un (ponga aqui el changarro de su preferencia), ¿que debo hacer? Es la segunda pregunta en orden de frecuencia.

Y luego viene la parte divertida, porque responda lo que responda, si mi respuesta no es la que aquel que escribe desea leer, simplemente la comunicación se rompe.

Parece que esto no es un problema que se limite a mi ámbito. Hace algunos días desayunaba con mi nurióloga:

–Pide que te cambien el queso manchego por queso panela. Recuerda que un vaso de jugo equivale al menos a tres porciones de fruta, mejor pide la fruta picada. ¿Te vas a comer ese sandwich? ¿Que no ves que son tres rebanadas de pan en lugar de dos?

Bueno caray, ¿quien me manda a meterme a la cueva del lobo? La próxima vez que me reuna con ella fuera del consultorio debo recordar que lo mejor es invitarle un cafecito, para que no me amargue el desayuno.

Pero el asunto es que ella me contaba que hace unos días entró a su consultorio un hombre de 1.75 metros de estatura que pesaba 150 kilos. Osea que era un combo de dos en uno (cabe mencionar que ella no se refiere así a sus pacientes, pero yo si).

El asunto es que el combo se sentó con trabajos para respirar y dijo categóricamente: “¡Mi problema no es la comida!”. Luego entró con más detalle en la plática, donde reveló entre otras cosas que se zumbaba cinco litros de Coca Cola al día, que en el desayuno se empujaba un paquete de pan Bimbo, y en la comida solamente dos kilitos de tortilla.

¡Nombre! Si me queda claro que el hombre tiene problemas serios de metabolismo. Porque todo lo que se le mete por la boca se le hace bola en la panza (insisto que esto lo dije yo, no la doctora, siempre respetuosa de sus pacientes).

–¿Que crees que le debo decir a alguien que llega con esta actitud? – me preguntaba Charo -, porque yo no puedo modificar mis formas de trabajo solo para convencer a un paciente que se sienta a observarme con actitud de auditor, esperando que yo le de la razón. Si el asunto no se trata de mantener a los pacientes contentos, se trata de ubicarlos en la realidad.

Claro, si ella les dice: “Mijito, pues comienza por bajarle a tus cinco Coca Colas, tu paquete de pan y tus dos kilitos de tortillas”, la reacción del combo es sencillamente no volver a consulta.

–¿Pues que le pasa a esta vieja, que cree que yo necesito dietas? Lo que yo necesito es un bypass gástrico. Lo que necesito es que hoy me vaya a dormir y mañana amanezca como varita de nardo. Sin esfuerzos.

Claro, y lo que necesitan los emprendedores es dormirse y amanecer con una empresa que venda millones y no requiera de su tiempo, su capital o sus neuronas. ¿Que, no hay de esas empresas?

Y yo, como Charo, no estoy dispuesto a acomodar mis argumentos, solamente para mantener cerca a mis lectores. Esa sería una postura muy cómoda, más bien parecida a la que aplican muchos autores de autoayuda: Te digo lo que quieres oír, para que me sigas leyendo.

Pero la realidad es que, antes que escritor, soy empresario. Y comencé a escribir con la intención de acercar a los emprendedores esas herramientas que me han servido, pero que cuando comenzaba nadie mi las puso enfrente. Fue a punta de fregadazos que aprendí lo que se debe hacer, pero particularmente lo que no se debe hacer (no de a gratis mi proyecto se llama “Echando a perder se emprende”).

Lo que escribo no es para todos, quien no me quiera leer, que no me lea. Quien busque soluciones mágicas, la verdad, que ni me lea, que para eso hay muchos escritores dispuestos a vender muchos libros.

Lo que yo escribo es para aquellos que saben que toda decisión tiene pegado un precio. Y claro está, ese precio no es sangre, ni horarios de trabajo de dieciseis horas, ni sacrificar a los hijos por el dinero, pero tampoco es dormir y despertar con increíbles ingresos pasivos generados por las ventas del hongo michoacano o que sé yo.

Por eso mi respuesta a las dos preguntas más frecuentes siempre es la misma: Depende de que es lo que quieres lograr.

–¿Que negocio debo poner?

–Depende de que es lo que quieres lograr.

–Tengo en mente abrir un (ponga aqui el changarro de su preferencia), ¿que debo hacer?

–Depende de que es lo que quieres lograr.

Las respuestas no son estándar. Los objetivos de cada emprendedor son diferentes, sus puntos de partida, su conocimiento y recursos son particulares. Todo esto rige un plan particular de negocios.

Y aquí es donde me suelto echando todo el rollo de cómo es que debes comenzar por pensar en donde quieres estar cuando tu negocio camine sobre ruedas. Porque si sabes a donde vas, entonces el camino comienza a ser más claro. Pero si lo único que se te ocurre es que quieres lana y que has visto que al que vende hot dogs afuera del antro le va re bien, por ello has decidido poner cinco caritos de hot dogs afuera de cinco antros, te aseguro que en tres meses estarás vendiendo (si no es que rematando) tus caritos de hot dogs.

¿Donde quieres estar cuando tu negocio camine sobre ruedas? ¿Cuanto quieres ganar? ¿Cuanto tiempo quieres trabajar? ¿Donde quieres vivir? Son solo unas de las tantas preguntas que te ayudarán a responder ¿que negocio debo poner?

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6 comentarios
  1. Sólo puedo decir que tu post es épico.
    Muchas personas se te acercarán no para recibir consejo, sino para que les resuelvas la vida con la decisión de menor esfuerzo, para que valides o justifiques lo que hacen como correcto; aunque las consecuencias sean incorrectamente obvias.
    Como bien dijo un coach de fitness “es fácil observar quien no lo va a lograr” , ahora si que por sus preguntas lo sabrás.

    • Y como dijo un amigo: “Es frustrante ver que por más que voy al gimnasio no me pongo como el instructor, mientras que cuando como quesadillas si me puedo poner como la señora que las prepara. Por eso prefiero las quesadillas.” Jaja.
      Saludos Isela, y gracias por el comentario

  2. Lili Toledo dijo:

    Que buen texto, honesto y realista. Felicidades! con esto acabas de ganar una lectora 🙂 Gracias!

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