El mínimo esfuerzo

En cualquier deporte que practiquemos, pero particularmente en el triatlón, mucho ejercicio en muy poco tiempo es el mejor camino para terminar haciendo una pausa obligada, ya sea por lesión o por sobre entrenamiento.

Lo curioso es que, a pesar de saber esto, seguimos llevando nuestros entrenamientos de la misma forma.

Una filosofía correcta de entrenamiento debería estar más enfocada en la siguiente visión: Un atleta debe hacer la mínima cantidad de trabajo específico que le genere una mejora continua.

Tres elementos destacan: mínima cantidad, trabajo específico y mejora continua.

Y aquí es donde comienza lo divertido, porque yo me he declarado como amante (y defensor) de la Ley del Mínimo Esfuerzo, situación que me ha llevado una y otra vez a discusiones respecto de lo que realmente quiere decir “Mínimo Esfuerzo”, porque pareciera que es el sinónimo de un hombre acostado en una hamaca a la orilla de la playa.

El mínimo esfuerzo tiene que ver más con el hecho de no excederse en el esfuerzo que con el hecho de no hacer esfuerzo alguno.

En cada situación donde hagamos uso de recursos para obtener un resultado, es un hecho que inicialmente a mayores recursos mayor será el resultado, pero esta situación tiene siempre un límite, y pasando ese límite la proporción ya no es ascendente. A partir de este punto los recursos adicionales serán improductivos (o al menos no tan productivos como en la primera fase). Ese punto es el que define el mínimo esfuerzo.

Mínimo esfuerzo es aquel que genera la máxima mejora. Y es ahí donde los atletas y los emprendedores deben parar. Más allá  del punto de mínimo esfuerzo lo único que obtendremos es fatiga y frustración.

Si hablamos en términos de tiempo, hay un tiempo de ejercicio que es adecuado, pero las horas adicionales no aportan más que riesgos a parar el entrenamiento. Y en la empresa sucede exactamente lo mismo. No por trabajar el doble de horas generaré el doble de resultados. Es más, seguramente estoy cada vez más cerca del punto donde comience a generar menos que lo que generaba con unas cuantas horas.

La mínima cantidad que genere una mejora continua. Ya sea de dinero o de tiempo, o de cualquier otro recurso. ¿Y cuando alcanzo ese punto ya no hay más que hacer?

Claro que podemos hacer algo más. Tres elementos son los destacados, y hasta ahora solo hemos hablado de dos: mínimo esfuerzo y mejora continua. El tercer elemento es el trabajo específico.

Cuando sabemos que estamos en el punto de mínimo esfuerzo, es importante ser muy cuidadosos de conocer el trabajo específico que nos lleve a obtener un mejor resultado siempre.

No se trata de andar siempre muy ocupados, no se trata de salir a correr como Forrest Gump y nunca parar. Se trata de desarrollar el trabajo que nos lleve al mejor resultado. Nada que no nos acerque a nuestro objetivo debería formar parte del trabajo de todos los días. Y aquello que nos acerca a nuestro objetivo debería ocupar la mayor parte de nuestro trabajo.

Esto cambia la conciencia del trabajo realizado. Es una forma de dejar de trabajar en automático y creer que el volumen de trabajo será el elemento que nos llevará al éxito, como tantas veces se nos ha vendido la idea: Trabajo duro como el elemento más importante de éxito.

Esto nos lleva a convertir el trabajo duro en trabajo específico. La fórmula para el deporte y para las empresas no se basa en mucho trabajo, sino en mucho trabajo específico. Aquel que desarrolla las condiciones necesarias para ver una mejora continua en nuestros resultados. El resto del trabajo solamente es una coladera de recursos que nos acerca a la fatiga innecesaria y que nos puede dejar fuera de juego cuando menos nos demos cuenta.

¿Que hacer? Quitar el piloto automático y comenzar a sacar las antenas en nuestro trabajo diario. Preguntarnos ante cualquier tarea ¿cual es el objetivo específico que perseguimos al realizarla? Si solamente la estamos haciendo por costumbre, si no logramos encontrar un beneficio en su realización, dejémosla de lado y dediquemos nuestra atención a la siguiente tarea, haciéndonos nuevamente la pregunta.

Podemos sorprendernos de la cantidad de trabajo que en nuestra preparación física y empresarial dedicamos a tareas que no aportan nada a nuestros objetivos, y que al mismo tiempo consumen muchos de nuestros recursos limitados.

Carlos Aliaga

http://www.echandoaperderseemprende.com.mx

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