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Algunas reflexiones

OportunidadRapidito y sin perder el tiempo. Responde los siguientes tres puntos:

1. Mercados en los que tienes experiencia o que alguien cercano tiene experiencia y sabe como hacer dinero

2. Una situación en la que hayas mostrado mucho carácter y hayas salido triunfante

3. Tus miedos al emprender

Dos de ellas te ayudan y una te está frenando. Te sugiero que pongas tu miedo en perspectiva para que lo puedas conocer y entonces evites que te frene.

Primero ¿que es lo peor que puede pasar? Verás que lo peor será que estés como estés, y seguramente eso, aunque no es lo que deseas, tampoco es para tirarse al piso y hacer berrinches de escuincle. Esto deja fuera la incertidumbre. Lo cierto es que tienes lo que tienes. Lo demás solo sumará.

Adicional a esto, cambia el miedo de vender y deja de pensar en ventas. Piensa en actividades. Debes realizar una serie de actividades diarias: correos electrónicos, llamadas telefónicas, visitas. Y la suma de estas actividades realizadas disciplinadamente a diario generarán las ventas. Con 25 actividades sostenidas al día, seguro algo generarás.

Ahora si, partiendo de poner en control la incertidumbre y el miedo a vender, enfócate en esa fuerza que te hizo actuar en el punto dos de la lista de arriba, pues ese es el carácter que requerirás para levantarte todos los días y realizar las 25 actividades (correos, llamadas, visitas) que debes hacer para avanzar.

Y la pregunta es ¿cuales son esas 25 actividades que más rápido te acercarán al dinero? Tú conoces mejor el mercado. ¿Que mercado? El que anotaste en el punto uno de la lista. Sabes de que pie cojean. Sabes los mercados que nunca han atacado o las necesidades que no se han cubierto.

Haz una lista de todas las alternativas que tienes enfrente y comienza a realizar aquellas que requieran menos inversión y que te puedan dar flujo de efectivo más rápido. Cuando determines cuales son esas alternativas, comienza a mandar correos, hacer llamadas o visitas, disciplinadamente todos los días, hasta juntar 25. Algo tendrá que suceder en breve.

Y si nada sucede, entonces revisa otras alternativas. Oportunidades hay muchas, disciplina y carácter es lo que falta.

Te deseo el mejor de los éxitos,

Carlos Aliaga

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Para aquellos que ya conocen mi historia, yo solía pesar 30 kilos más que ahora, y era básicamente una persona sedentaria. Pero a los 38 años todo ha ido cambiando poco a poco, permitiéndome bajar estos kilos extra y luego activándome cada vez más.
Mantenerse motivado a hacer estos cambios constantes ha sido difícil, sobre todo porque cada vez que avanzo más el camino se ha vuelto más solitario. Cuando dije “voy a bajar diez kilos” tenía un mundo de apoyadores a mis pies. Todos estaban contentos de formar parte de la posibilidad de alejar a alguien de la obesidad. Si estaba en una reunión todos escondían los pasteles para que no se me antojaran. La verdad es que no me costó mucho trabajo, porque tenía el apoyo de todos.
Los siguientes diez kilos ya no fueron noticia y no causaron tal revuelo. Pero los últimos diez han sido una verdadera pesadilla, porque de pronto el entorno cambió sus ánimos y actitudes de apoyo por comentarios encontrados. “Ya párale, ya exageraste”. “¿Que no se te antoja seguir comiendo bien?”. O peor aún, ahora tengo prohibido por la sociedad hacer cualquier comentario entorno a la obesidad, porque es ofensivo que alguien delgado se refiera de cualquier forma (hasta en tono de apoyo) a alguien con problemas de sobrepeso. ¿Pues que no se acuerdan de cuanto pesaba yo?
En el campo del ejercicio las cosas no han sido diferentes. Primero recibía apoyo y consejo de todos sobre lo sabroso que era correr 5 kilómetros o sobre la importancia de tener una rutina. Cuando decidí comenzar a hacer triatlones, varios se sumaron a la idea conmigo y todo parecía emocionante. De pronto los resultados de mi entrenamiento se comenzaron a dar y comencé a tener ventaja sobre mi gente cercana. Mucha ventaja. Y las porras cambiaron. “Tú ya te clavaste demasiado”. “Yo la verdad solo compito contra mi, no me interesa ganarte”. “Yo no sacrificaría lo sabroso de la vida por estar como tú”. Y la que más me gusta “El gordito era más simpático”.
Ya ni le explico a toda esta gente que tengo en mente bajar 5 kilos más y que quiero seguir bajando mis tiempos en el triatlón hasta alcanzar el podio en mi categoría. Me parece que tardaría demasiado en explicarles mi motivación, seguramente no les cambiaría su forma de pensar y corro el riesgo de quedarme cada vez más solo en esta lucha. Pero lo voy a hacer y en el camino conservaré a mis amigos.
Todo lo anterior no es muy diferente de la vida de un emprendedor. Conforme avanzas en la senda del éxito empresarial el camino está más solo. Cada vez es menos la gente que te apoya. Y corres el riesgo de que te vaya bien, porque es probable que los apoyos se conviertan en comentarios en contra. Esta sola situación es la que hace que psicológicamente la gran mayoría de la gente prefiera no tener éxito en ningún ámbito en la vida, porque el que destaca tiene que lidiar con esa nueva posición y eso es mucho más difícil socialmente que ser uno más de la bola.
Por ello es importante que definas exactamente hasta donde quieres llegar, y que estás dispuesto a tolerar en ese camino. Porque de otra forma estarás siempre a la deriva, preguntándote porque no tienes éxito y otros si. Porque tú personalmente te boicoteas cuando estás a punto de alcanzar el éxito, y te boicoteas porque no quieres cargar con la responsabilidad social que esto implica.
En el deporte Michael Phelps dijo alguna vez “El triunfo se alcanza cuando haces lo que la mayoría no está dispuesta a hacer todos los días”. En los negocios Warren Buffett dijo “Para tener lo que el 1% tiene, deberás desear hacer lo que el 99% no está dispuesto”. Muy parecidos. El éxito es igual en todos los ámbitos. Y la única realidad es que el éxito no es un tema de genética o de herencia. El éxito es un tema de actitud para realizar diariamente aquello que nadie quiere y solo obtener así lo que nadie alcanza.
Hay una frase anónima que lo resume todo. “Emprendedor es aquel dispuesto a vivir unos años como nadie quiere, para vivir el resto de su vida como nadie puede”. Sin duda este es un camino que se recorre en soledad.

Puede que ya te hayas suscrito a mi blog y en cuanto escribo algo te llega una actualización. Sin duda esto puede ser muy bueno, porque eventualmente escribo en mi blog y algo podrá ser de tu ayuda. Pero no es el único medio por el cual genero contenidos. También está mi página de facebook y mi lista de correos. Te sugiero que te anexes a ambas herramientas.
En mi página de Facebook publico algunas frases, eventos y promociones. Es una comunicación ligera, pero diaria. Un apretón de tuercas a los procesos del día y a seguir adelante.
En mi lista de correos comparto información más específica sobre mis proyectos (libros, cursos, conferencias y demás). Es para aquellos más clavados, que quieren algo más que frases diarias y quieren desarrollar todo su potencial como emprendedores.
Así que te invito a que te suscribas a aquellos canales que no estás recibiendo y mantengámonos en un contacto más frecuente.
Te deseo el mejor de los éxitos,
Carlos Aliaga

 

Infografia Indice de Desarrollo Humano (IDH)Da clic en la imagen para verla en tamaño completo

A MAYOR SALUD MAYOR INDICE DE DESARROLLO HUMANO
A MAYOR EDUCACION MAYOR INDICE DE DESARROLLO HUMANO
A MAYOR PIB MAYOR INDICE DE DESARROLLO HUMANO
MAS SALUD Y MAS EDUCACION SIEMPRE DARAN MAS CALIDAD DE VIDA
POCO DINERO IMPACTA EN UNA MALA CALIDAD DE VIDA
PERO MUCHO DINERO NO GENERA GRAN DIFERENCIA
POR ENCIMA DE LOS DIEZ MIL DOLARES DE PIB ANUAL LA CALIDAD DE VIDA NO CRECE SUSTANCIALMENTE
APOSTEMOS POR MAS EDUCACION Y MEJOR SALUD, QUE EL DINERO LLEGARA POR CONSECUENCIA

Guillemo-Ochoa-evita-gol-Neymar_MILIMA20140617_0256_8Así comenzaron mis oraciones nocturnas: “Doy gracias a San Memo Ochoa por milagros recibidos”.

¡Caray! ¡Que forma de parar! Y no me voy a curar en salud diciendo que yo sabía lo que ese chamaco era capaz de hacer. Es más, acepto abiertamente que consideré la decisión del Piojo tan mala o peor que la de Aguirre, alineando al Conejo hace cuatro años.

¿A quién se le ocurre que Paco Memo pueda estar en el mejor momento para un mundial? ¿A quién se le ocurre que sea él quien deba enfrentar en el “uno a uno” al mismísimo Neymar? Pues al Piojo, y lo que vimos ayer fue el examen de graduación de una Maestría en Competitividad del arquero nacional.

Competitividad, maldita palabra. Su maldición comienza por lo difícil de su definición. En mis manos tengo un libro llamado “Competitividad de las micro, pequeña y medianas empresas en México”, en el que 33 académicos, pertenecientes a 10 instituciones de educación superior en México, hacen un esfuerzo brutal por ponerse de acuerdo en la definición única de Competitividad. Así de difícil está el asunto.

Pero el asunto es tan difícil como la tan choteada Felicidad, porque es una verdadera aventura definir qué es Felicidad, pero independientemente de que la podamos definir, sabemos que alcanzar la felicidad es el objetivo número uno de cada persona que respira sobre la faz de la tierra. Y de la misma manera, aunque no sepamos cómo explicar que carambas es Competitividad, sabemos que todo país, Estado, Municipio, Empresa o Profesionista, está obligado a ser cada vez más competitivo.

Y eso es lo que ayer nos enseñó Paco Memo. La competitividad es, tratando de simplificar, Competir de frente. Es ser competente. No de a gratis a últimas fechas los esfuerzos de capacitación de las empresas se centran en el desarrollo de competencias, en enseñarnos a competir.

¿Para que competir? Para sobrevivir, para ganarnos ese cuarto partido. Y en el caso de las empresas, para seguir vivos, para alejarnos de la posibilidad de cerrar nuestras puertas.

Es un hecho que el entorno empresarial ha cambiado. Es un hecho que ya no vivimos en en proteccionismo de los años 70, en los que no importaba que tan malo fueras, las fronteras estaban cerradas. Hoy en día, aunque tu empresa sea tan regional como un municipio, enfrentarás con toda seguridad la competencia internacional, y si no estás preparado para competir de frente, seguramente tendrás que cerrar tus puertas.

Eso lo tenía muy claro Ochoa, quien llevaba dos mundiales anteriores sentado en la banca, viendo la gloria de Osvaldo Sánchez y las pifias del Conejo. Sentadito y calladito, mientras en la liga nacional recibía un promedio de 1.3 goles por partido y el campeón goleador era el Chupete Suazo.

Pero no se quedó tranquilo. Hizo el cambio que muchos pensaron (yo me incluyo), sería la muerte profesional del arquero. Se cambió al peor equipo de la liga francesa, el Ajaccio. Tan malo que esta temporada descendió a segunda división. Cambió 1.3 goles, para recibir 1.9 por juego. Y cambió al Chupete por Ibrahimovic. Vaya cambio.

50% más goles. Si hay una posición humillada en el futbol es la portería. ¿Que portero estará dispuesto a ser humillado 50% más veces? Aquel que quiere ser competitivo.

La diferencia es notoria. Los porteros en el banquillo mexicano no son nada malitos. Corona y Talavera sin duda tienen mucha calidad. Pero es un hecho que enfrentar a Ibrahimovic, el sueco, no tiene comparación con enfrentar a Enner Valencia, el ecuatoriano campeón goleador de la Liga MX. Es un hecho que ponerse con Sansón a las patadas ha hecho a Ochoa más competitivo.

Es un hecho que era, de los tres arietes mexicanos, el más preparado para encarar a Neymar, no una, sino dos veces. Y es una grandísima fortuna para México que el Piojo, a diferencia de la gran mayoría de los mexicanos, tuvo el ojo para saber que así era.

¿Que nos queda? Celebrar y rezar, para que México siga avanzando. Pero el mundial se acabará, y lo que nos debe quedar es ese espíritu de ir por más. Ese espíritu de competitividad. De ser competentes, de saber competir de frente. Aunque para ello debamos aceptar ser humillados 50% más veces. Aunque eso implique ponernos con Sansón a las patadas. Porque el proteccionismo hace mucho que se acabó, y si no comprendemos que, por pequeños que seamos, estamos compitiendo en un mercado globalizado, no nos sorprenda que nos toque ver el partido sentados en el banquillo. O peor aún, desde la tribuna.

Ah, sin duda. Hay que enamorarse de nuestros proyectos, pero no casarnos con ellos. Aquí no aplica la monogamia, ni la fidelidad eterna. Porque las empresas modernas son así, coquetas y poco comprometidas. Hoy nos hacen ojitos, pero mañana andan de facilotas por otros lados.
Una de las características que deseables en el emprendedor moderno es la flexibilidad, que implica entre otras cosas, saber dejar ir los proyectos que ya no darán más.
Total, como decía mi abuela cuando se refería a los amores perdidos: “Detrás de un autobús, siempre vendrá otro”.

No pongas un restaurante, mejor piensa en un servicio de banquetes.
Este es el ejemplo característico que utilizo para explicar cómo iniciar tu empresa con poco capital. ¿Y porque uso el ejemplo del restaurante? Pues porque curiosamente poner un restaurante (y todavía más puntual, una taquería) es la opción número uno entre los que se me acercan a platicarme su idea de negocio.
“Pues es que la comida es buen negocio”, dicen.
Independientemente de ponerme a discutir si realmente es la comida el negocio que han soñado, cuando me dicen: “Pero no tengo lana para arrancar”, es cuando les contesto: “Piensa en servicios de banquetes”.
Y explico los puntos críticos detrás de este planteamiento, que son aplicables para cualquier giro. Tres puntos clave:
1. Capacidad instalada
2. Gastos fijos
3. Flexibilidad
Entorno a la capacidad instalada, el asunto es muy fácil. En los negocios tradicionales un gran porcentaje de la inversión se requiere para comprar mobiliario y equipo. Si es una fábrica necesitan maquinaria, si es una fletera necesitan camiones, si es un despacho, entonces necesitan un escritorio.
La realidad es que no necesitas nada de esto, porque entonces lo que necesitas es dinero, y por si fuera poco, tiempo, dos recursos muy limitados para quienes iniciamos la aventura de emprender.
Lo que realmente necesitas es atender a un mercado y darle lo que necesite. Tu trabajo está en encontrar ese mercado y acercarle las soluciones existentes. No gastes en una cocina super equipada, mejor réntala cada vez que tengas un evento contratado. Utiliza el dinero de tu cliente (porque deberás pedir un anticipo) y págale a quien tenga una cocina móvil por utilizarla solamente el día que la necesitas.
Si fabricas plásticos, no compres maquinaria de inyección, mejor busca quién te maquile el producto.
El miedo es que te vayan a volar al cliente. Pues mejor ocupa tu mente en diseñar procesos que eviten que aquel que te renta la capacidad que necesites tenga contacto con tu cliente, pero eso de cualquier manera no justifica la inversión.
Si el problema es una oficina, comienza en tu casa, y si necesitas recibir clientes, renta una sala de juntas solamente por la hora que la ocuparás. Tu bolsillo lo agradecerá.
Te sorprenderá ver la capacidad instalada ociosa que existe en cualquier giro. Utilízala.
En el segundo punto, reducir los gastos fijos es la mejor forma de aguantar las vacas flacas. Y es un hecho que el arranque de una empresa se da en épocas de vacas flacas. Ya vendrá el momento de estabilizar las ventas, incluso de crecer, pero al arranque nadie te garantiza que tendrás ingresos, ¿entonces porque te amarras a gastos fijos?
Los dos gastos fijos más fuertes son renta y nómina. Evítalos a toda costa. Esto te lleva a pensar en alternativas de negocio que no requieran un local fijo. No pienses en restaurante, piensa en banquetes. Al fin y al cabo lo que a ti te gusta es cocinar.
Contratarás personal solamente cuando tengas un evento, pero el resto del mes no tendrás que tronarte los dedos por pagar una nómina cuando no hay ventas.
En la medida que tus gastos fijos se puedan reducir a cero, tu mente estará más tranquila y enfocada en buscar nuevos clientes.
Y para cerrar, está el tema de la flexibilidad. Ya he explicado que los modelos tradicionales de plan de negocios no son de mi agrado, y este es uno de los motivos. El planteamiento tradicional es: Quiero emprender, me gusta la comida, pongo un restaurante. Y entonces hago todo mi plan de negocios para ver que la inversión es enorme, busco un local y ¡sorpresa! No se paran ni las moscas. Cierro las puertas y me siento el emprendedor más fracasado del planeta. No se como darle la cara a mis inversionistas, y para acabarla de amolar, si pedí un crédito bancario, lo estaré pagando por varios años, para recordarme constantemente que ¡yo no nací para emprender!
El modelo de emprendimiento inverso, que es el que yo recomiendo, comienza por: quiero emprender, y eso está bien. Determino entonces que el giro es la comida, y antes de brincar naturalmente a la idea de un restaurante, me pongo a hacer una lista de alternativas de empresa que se adapten a este giro: banquetes, vender pasteles a restaurantes, claro que un restaurante es otra de las alternativas, y que se yo. Te sugiero que al menos te plantees diez diferentes alternativas que puedan existir para ese giro. No pienses en productos, piensa en clientes. ¿Que le puedo vender a esos mismos clientes? Luego evalúas las alternativas y las ordenas de mayor a menor inversión. Las pones a prueba en el mercado, y ves cuales funcionan. Esas las multiplicas y sigues probando otras alternativas.
No pruebes una alternativa a la vez. Perfectamente puedes ofrecer banquetes y hornear pasteles para restaurantes al mismo tiempo. Una de las dos funcionará.
Lo más importante es que te asegures de tener una forma constante de traer dinero antes de crear formas constantes de gastarlo.