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Lo dijo

 

presente y futuro“La verdadera generosidad para con el futuro consiste en entregarlo todo al presente” – Albert Camus.

Y en esta frase hay dos elementos importantes: Futuro y presente.

El futuro ha sido menospreciado por los amantes del Hakuna Matata o el Carpe Diem, que creen que la verdadera felicidad está en levantarse todos los días y vivirlos como si el mañana no importara. Dedicados al rebane y a la vida disipada (y en estos momentos me siento como el pastor gritón que habla de las tentaciones de Satanás, y me inspiro).

Resulta irónico que cuando analizamos con detalle las vidas de aquellos que han destacado, uno de los elementos comunes es esa visión de futuro que los mueve. No es posible hacer una vida útil y trascendente sin levantar un poco la cara y observar ese futuro deseable. Es nuestra visión de futuro la que mueve nuestras acciones.

El otro elemento, el presente, solo se entiende si existe un futuro. De otra forma estaremos tomando de la vida lo que de inmediato nos ofrece como placentero, y jamás esperaremos las grandes recompensas que vienen después. Solo así se puede entender el sacrificio que mucha gente hace día con día por su preparación, su salud o su economía; porque quieren construir un futuro más prometedor. De otra forma, viviendo solo en el presente, sin levantar la cara, ningún sacrificio a futuro tiene sentido.

Y si, finalmente solo tenemos el presente para vivir, y solo tenemos el presente para construir ese futuro que soñamos. Por eso, y solamente por eso, lo mejor que podemos hacer es darlo todo en el presente.

Eso es lo que realmente significa “el aqui y el ahora”, no esas falsas filosofías comodinas que nos venden todos los días en el cine.

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“El impedimento a la acción genera acción. Lo que se interpone en el camino se convierte en el camino”. -Marco Aurelio

Y viniendo del ultimo emperador romano antes de la decadencia, podemos pensar que no lo decía de dientes para afuera.

Antes de concluir su texto con la frase arriba citada, escribió:

“Pueden impedir nuestras acciones… pero no pueden impedir nuestras intenciones o disposiciones. Porque podemos acomodarnos o adaptarnos. La mente adapta y convierte a su propósito el obstáculo a nuestra acción”.

¿Apoco no es una chulada? Si lo analizamos con detenimiento, esta es la fórmula de la gente grande. Y no hablo de la de gran tamaño (aquellos que compran su ropa en Big and Tall), sino de la gente que ha llegado lejos.

Tener la capacidad y el espíritu de convertir nuestros obstáculos en el propio camino, sin renunciar a nuestras intenciones. Eso es, sin duda, de gente grande.

Piensa en Marco Aurelio y sus batallas. Piensa en grandes deportistas y alpinistas. Piensa en los idealistas que nos han liberado de tantos yugos históricos. Piensa en los emprendedores.

Reflexiona un poco y verás que toda esta gente llegó ahi, no porque no tuvo problemas en el camino, sino porque fueron capaces de convertir los problemas en ese nuevo camino. Porque supieron adaptarse a las nuevas reglas del juego.

Haz una pausa. Imagina con claridad todos esos obstáculos que hoy no te permiten ser quien has deseado ser. Todo aquello que no te ha permitido avanzar.

Y ahora piensa que es lo que debes hacer para que, a pesar de esos obstáculos, tus intenciones se cumplan. Determina con detalle todo lo que tienes que hacer. Luego, simplemente, hazlo, todos los días. Mantén tu compromiso sólido. Y cuando lo hayas hecho así, prepárate para iniciar de nuevo, porque nuevos obstáculos aparecerán en tu camino, y una vez más convertirás esos obstáculos en tu propio camino.

Despierta y no te frenes.

“Es cómo lidias con el fracaso lo que determina cómo alcanzas el éxito.” – David Feherty

Yo no sé en que condenado momento se nos metió la idea a la cabeza de que la gente exitosa nunca se la ha pasado mal.

De hecho puedo estar seguro que el hecho de haber alcanzado el éxito es solamente consecuencia de haberse sacudido cada vez que terminaron mordiendo el polvo.

Alguna vez leí que la fórmula del éxito lleva 99 cucharadas de fracaso. El asunto es entender que el fracaso es solamente experimentación para ser cada vez más hábiles.

Y en el mundo del emprendimiento es particularmente importante estar abierto al fracaso, pues emprender no es una ciencia, sino un cúmulo de conocimientos empíricos.

Y es precisamente esta condición empírica la que nos obliga a probarlo todo, por duro que pueda ser.

O como dicen por ahí: Echando a perder se emprende.

“La abundancia no es algo que compramos. Es algo con lo que sintonizamos.” – Wayne Dyer

Porque la abundancia es un estado y no un número en la cuenta de banco.

Imagina a una persona que tiene todo el dinero que tú no has visto, pero que siempre está metido en problemas financieros, cargado de estrés o trabajando jornadas infames porque la bolita de nieve lo viene alcanzando.

Esa persona claramente tendrá mucho que habrá comprado (o peor aún, que todavía debe). Podrá decirse rico, pero no abundante.

¿Que necesita esa persona para resolver sus problemas? Dinero, sería la primera respuesta que nos viene a la mente. Pero la realidad es que si recibe más dinero entonces la bola de nieve se hará más grande, y un día aquello será una avalancha que no se pueda frenar.

Lo que verdaderamente necesita esa persona, y todos los que podemos estar muy lejos de esos grandes capitales, no es más dinero. Lo que necesitamos es sintonizar con la idea de abundancia.

Comencemos por aceptar que lo que tenemos es suficiente, y entonces lo que llegue se convertirá en abundancia.

La desgracia del mundo moderno es que hemos eliminado los límites, y cuando no hay límites solo existe frustración.

“No lo que tenemos, sino lo que disfrutamos, constituye nuestra abundancia” – Jean Antoine Petit Senn.

Claro, sin caer en excesos como aquella mujer que a base de demostrar que no era superficial insistía a sus amigas que no andaba con su novio por lo que tenía, sino por lo que era, hasta que una de ellas finalmente harta de la misma historia le preguntó:

-¡Bueno! ¿Y que es tu novio?

-¡Millonario! – contestó ella con un particular brillo en los ojos.

“La grandeza no radica en ser fuerte, sino en el adecuado uso de la fuerza” – Henry Ward Beecher

Ya lo había dicho Darwin, el tema es de adaptación, y no de fuerza. Si fuera así, entonces los dinosaurios más grandes sobrevivirían, y los pequeños habrían desaparecido. Lo curioso es que al final fueron algunas bacterias las que sobrevivieron aquella época glaciar.

Y lo mismo pasa en el mundo de los negocios. Creemos que no podemos competir con los grandotes porque… pues son grandotes. Pero resulta que las empresas grandes pueden reaccionar más lentamente a los cambios.

También resulta que los grandotes se olvidan del trabajo uno a uno. Y es en estas circunstancias donde los pequeños aplican adecuadamente la fuerza, haciendo que cada operación, que cada cliente, sean importantes, y como resultado estos clientes se mantienen cerca.

No se trata de hacer uso desmedido de la fuerza. Se trata de aplicar la poca fuerza que tengamos donde se requiere, para lograr una verdadera diferencia.

Entonces deja de chillar porque los grandotes te andan comiendo el mercado y mejor ponte a ver que es lo que ellos no están haciendo y que con tu tamaño puedes hacer mejor que ellos.

“Nada prueba de forma tan contundente la capacidad de un hombre para liderar a otros, que lo que él hace día con día para liderarse a si.” – Thomas J. Watson

O lo que es lo mismo: “el ejemplo arrastra”.

¿Cómo podemos pedir a nuestros colaboradores que tengan determnado comportamiento o disciplina que nosotros no podemos desarrollar?

¿Cómo podemos pedir que adopten una cultura organizacional o una filosofía de trabajo que nosotros no podemos incorporar a nuestras vidas?

Por eso las grandes implementaciones en las empresas comienzan siempre por la cabeza. Y por eso las grandes implementaciones fallidas se dan cuando los altos mandos adoptan esos nuevos proyectos de dientes para afuera.

Pero esto además nos lleva a otra serie de reflexiones que representan la oportunidad de romper paradigmas con los que nos hemos acostumbrado a vivir.

En lugar de estar peleando, por ejemplo, que nuestros empleados trabajen dieciseis horas diarias, cosa que a nosotros nos cuesta un gran trabajo, ¿porque no pensamos que si nosotros podemos ser más productivos en una jornada más reducida, también lo serán nuestros empleados?

No trabajemos nuestra cultura organizacional por fuerza de la costumbre. Hagamos nuestra propia cultura, en función de lo que nosotros podemos hacer de forma personal, de manera que podamos verdaderamente dar ejemplo de ello.